15.12.11

Los carteles de droga están en la esquina...

Actualmente en Chile han caído - o están cayendo - compañías que pecan por ser poco honestas, abusando de su poder y llenándose los bolsillos de dinero a costas de sus consumidores. Por un lado, recordemos el caso de La Polar y las Farmacias de hace algunos años, aunque si se quiere tener novedades más recientes, actualmente podemos estar al tanto de la colusión de las empresas avícolas o de los supermercados, siendo esta última aún una noticia en desarrollo.

¿Dónde está la razonabilidad de estas empresas? ¿Cómo pueden existir personas tan desechables como aquellas que lideran estas compañías? Aprovecharse del mercado no es la solución. Están alimentándose como pirañas "gracias" a las deficiencias del sistema, perjudicando directamente al consumidor final e incrementando así la brecha económica. Pero el impacto social no es tan significativo cuando se trata de bienes sustituibles. ¿Pero qué pasa cuando se trata de productos necesarios para subsistir? He ahí un dilema que roza a los Derechos Humanos.

Las farmacias no deberían lucrar. Hay que idear la forma de que estos productos sean accesibles a aquellos que lo necesiten. No podemos tolerar de que en una farmacia se margine más del 1000% por producto. ¿Dónde está la regulación? La mano fiscalizadora debiese ser más dura aún en los oligopolios. Conozco casos de medicamentos que se consiguen en el Hospital Público a $300, cuando en las farmacias tradicionales - siendo que en Chile sólo existen 3 que en conjunto tienen el 90% del mercado - se adquieren por no menos de $10.000. Pero si esto ustedes lo consideran un abuso (¡y claro que lo es!), les cuento la siguiente historia...

Basado en información revelada por siete de las más grandes farmacéuticas del mundo, se dio a conocer sobre los pagos de 281 millones de dólares que se hicieron a doctores durante el 2009 y 2010 para que estos promovieran sus medicamentos. De esta forma 384 doctores recibieron más de 100.000 dólares de farmaceúticas, en un claro conflicto de interés que trafica con la salud, la vida y la muerte. Si bien no es ilegal pagar a doctores para que promuevan sus medicamentos, es ciertamente cuestionable desde el punto de vista ético. A la hora de decidir qué medicamento recetar o qué procedimiento seguir, los doctores pueden - aunque sin duda que sí - estar siendo influenciados por estas grandes compañías. Y si se toma en cuenta el hecho de que muchas de estas sustancias están diseñadas sólo para tratar síntomas, pero no para curar - ya que de esta manera mantienen el negocio -, el compromiso ético de los doctores se posiciona encima de la cuerda floja. De esta manera, esto se transforma en una mafia global cuyo máximo negocio no es curar a las personas sino mantenerlas enfermas para que sigan comprando medicinas como si fueran grandes cárteles de drogas.

El Premio Nobel de Medicina Richard J. Roberts señala que los fármacos que curan no son rentables y por eso no son desarrollados por las farmacéuticas que en cambio sí desarrollan medicamentos cronificadores que son consumidos de forma serializada. Esto, señala Roberts, también hace que algunos fármacos que podrían curar del todo una enfermedad no sean investigados. Y se pregunta hasta qué punto es valido que la industria de la salud se rija por los mismos valores y principios que el mercado capitalista, los cuales llegan a parecerse mucho a los de la mafia.

Por lo que vuelvo a repetir: hay que idear la forma de que estos productos sean accesibles a aquellos que lo necesiten. ¡Basta ya del abuso! La salud es un derecho y no se debe comercializar con ella...


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